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Los primeros y los últimos

  • hace 2 días
  • 3 Min. de lectura

Por Luis Mastroeni


Siempre que pensamos en estrategias de triple utilidad para las empresas cometemos un error: los colaboradores no se sientan a la mesa de primeros. 

Las organizaciones creen que iniciar este proceso debe ser una acción disruptiva, de fanfarria frente a los medios y con un protagonismo desmedido. Nada más alejado de la realidad. 


Hacer lo correcto, empezando por los colaboradores, es el primer paso en esta aventura de hacer que la empresa genere más que dólares, sonrisas y más que ventas, bienestar. 

Empecemos por la ley. ¿Se paga salario mínimo?, ¿se cumple puntualmente con la legislación en temas como aguinaldo, vacaciones y otros?, ¿cómo andan las jornadas laborales y las horas extra?




A veces, como consultores, damos por sentado que esto se hace y lamentablemente no es así. Siendo muy estrictos, esto es lo primero que debería proponer una estrategia de sostenibilidad seria. Arreglar, por medio de un plan retador, los temas que tienen que ver con el cumplimiento legal, la salud y la seguridad en el trabajo. 

Como ya lo he dicho en otras oportunidades: sin gente no hay empresas. Toca entonces analizar muy bien cómo anda el clima, la cultura y las relaciones de las personas a lo interno de la organización. 


Luego de que, al menos, hay un plan para alinear los procesos con la ley, debemos movernos al plano del propósito. ¿La gente vive eso que proclaman la visión, misión, valores, principios? Una cosa es pintar paredes con frases lindas, otra muy diferente es que las personas lo vivan y lo sientan así. 


La meta en este caso es medir y cerrar brechas, de tal manera que los líderes de la organización se preocupen por cumplir eso que se han propuesta y lo modelen, para que el resto de los colaboradores realmente lo vean suceder. 

Y luego de que hay un clima estable y sano, nos debemos pasar al plano del bienestar y el buen vivir. Hay que retarse para lograr un salario emocional robusto, donde se tomen en cuentan los gustos y preferencias de la gente y se trata de cumplir, todo lo que se pueda. 

Mediciones como Great Place To Work o Merco Talento, así como las que se puedan hacer con otros instrumentos, se vuelven muy relevantes para entender si se vive una cultura en la que los beneficios van más allá del salario y permiten una retención y atracción que le haga bien al negocio. 


Finalmente, y una vez que nos hemos esforzado por lograr todo lo anterior debemos pasar al plano de la familia. Es decir, investigar un poco más sobre el estado de bienestar que tienen los colaboradores y sus hogares. Entender esto no solo le hace bien al empleado, sino que permite que el negocio disminuya riesgos y se adelante a situaciones que podrían poner en peligro la gestión de ciertos departamentos o áreas de la empresa. 

El análisis de la pobreza multidimensional en los hogares es una excelente herramienta empresarial que permite comprender a las personas más allá de sus puestos de trabajo y además evitar fraudes, baja en la productividad o ausentismo. 


Cuando este tipo de gestión se hace bien, las empresas mejoran su productividad, bajan el ausentismo, atraen personal talentoso y contribuyen con las familias, de tal manera que logran impactar, en menor tiempo, la disminución de la pobreza en el país. 

Como decían Sen y Kilksberg en su libro: Primero La Gente... y yo agregaría: y también sus familias. 

 
 
 

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