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¿Es tan complicado?

  • hace 2 horas
  • 3 Min. de lectura

Por Luis Mastroeni


Cuando se quiere establecer un negocio de triple impacto (aquel que vela por generar valor social, ambiental y económico al mismo tiempo) se tiende a pensar que es un proceso complejo, arduo, largo, costoso y de muchos detalles. 


Ese razonamiento existe no porque sea cierto, sino porque algunas personas y entidades se han encargado de hacerlo así. El proceso no debería ser tan complicado y mucho menos costoso, pues todo se debería concentrar en dos temas: capacidad de sobrevivir y riesgos. 

Antes de explicar los dos conceptos me gustaría referirme al proceso (al menos desde mi experiencia) que nos llevó a complicarnos tanto y que provoca rechazo a términos como sostenibilidad, valor compartido o consulta a partes interesadas. 


En los años noventa se dan una serie de circunstancias que provocan que las empresas deban ser más transparentes y además deban mostrar más preocupación por los impactos de sus operaciones (el famoso derrame petrolero Exxon Valdez y Enron, por citar solo dos).

Esta necesidad social se desvirtúa con los años y salta al escenario el greenwashing, que no es otra cosa, que decir mentiras o inexactitudes con respecto al aporte de una empresa hacia la sociedad o el planeta. Entre la necesidad de hacer las cosas bien y el extremo de hacerlas más reales de lo que son, la academia y ciertos organismos ven en las normas, metodologías y certificaciones una salida razonable. 

Y desde las reuniones de Río y Kyoto con respecto al medio ambiente, hasta la más reciente publicación de las Normas Internacionales de Información Financiera S1 y S2, sobre gobernanza de la sostenibilidad y cambio climático, hemos sido testigos de un desfile innumerable de creatividad técnica. 


No me malinterpreten, esto no es algo equivocado, el problema se presenta cuando hacemos los procesos tan rígidos que sin que se cumplan un "rosario" de normas no actuamos, no comunicamos o no ejecutamos un plan específico que nos lleve al triple impacto. 

Las normas y metodologías nos salvan de la publicidad engañosa y las promesas exageradas (como esa de ser carbono neutral en un par de años, cuando ni siquiera se ha hecho un inventario de fuentes de emisión y mucho menos un año base para el análisis). Pero también nos pueden enloquecer y por querer cumplir con todo se nos olvida el espíritu de la ley, que es: cambiar el contexto poco a poco para que el contexto no termine cambiando, a la fuerza, la gestión empresarial. 




Es por eso, por lo que, ante tal tsunami de regulación y normativa toca, como empresarios, hacer una revisión previa de algunas cuestiones relevantes. 

Antes de decidir si se debe reportar con GRI o IR; antes de estudiar sobre TCFD o TFND; previo a llevar un curso sobre reportes tipo SASB o pasar por el proceso de una materialidad o doble materialidad, es importante hacerse estas preguntas:

  • ¿Cuál es la industria en la que está la empresa?

  • ¿Qué tan actualizado está el cumplimiento regulatorio y qué podría aprobarse en el mediano plazo que afecte la operación?

  • ¿Cuál es el tamaño y la cantidad de procesos?

  • ¿Cuáles son los impactos positivos y negativos que puede generar la operación solo por el hecho de existir?

  • ¿Con quién se tienen relaciones en el proceso de producción?

  • ¿Cuáles son los requerimientos de recursos naturales y cómo se afecta la biodiversidad?

  • ¿Cómo se está gestionado el talento en la empresa y qué tanto cumplimiento regulatorio falta por cumplir?

La respuesta a estas consultas dirá el tipo de gestión, normativa, procedimiento y metodología que la empresa necesita. Créanme ya todo está inventado, solo hay que sentarse a la mesa y elegir del menú. 


Por eso, como decía al inicio del artículo, todo se basa en riesgo y capacidad de sobrevivir en el tiempo. La primera decisión en Junta Directiva no debería ser por cuál norma se decide la organización. La primera decisión es si se están tomando todas las medidas posibles para que la empresa enfrente el contexto y perdure en el tiempo gestionando sus riesgos de la mejor forma. 

No, no es tan complicado. 

 
 
 

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