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Derrapando y medio muertos

  • hace 3 días
  • 3 Min. de lectura

Por Luis Mastroeni


El título no es mío. Lo confieso. 

Es del maestro Sanz, en una canción llamada El Trato. La frase completa dice: "no podemos llegar al final de la vida en un estado perfecto, tenemos que llegar al final de nuestros días derrapando y medio muertos". 


El trato es vivir con todo lo que eso significa. No debemos, en materia de negocios con triple impacto, creer que la lucha se termina, que podemos dormirnos, que podemos dejar que otros se encarguen. En momentos de tanta desesperanza nos toca, a los que creemos en esto, sacar las banderas del ánimo y la determinación, para que no cesen las labores y que el equilibrio finalmente llegue. 

¿Quién levantará la voz en esa Junta si no somos nosotros?, ¿quién seguirá con el dedo sobre el reglón cuando todos piensen que ya no vale la pena?, ¿quién seguirá creyendo contra todos los pronósticos?


Las estrategias de triple dimensión son un acto de rebeldía en medio de sociedades que quieren crecer hasta las últimas consecuencias (lo cual no tiene lógica, pero está pasando). Las personas al frente de las empresas que sigan velando incansablemente por que haya justicia y equidad, son las más necesarias en nuestros días y hay que hacérselos saber. 


No se trata de dejar de hacer empresa, se trata de hacerla mejor; porque existe otra posible. Se trata de hacer contagiosa la esperanza. Esa que nos permite creer que hay espacios donde la ternura, la cultura de acogida y el bienestar equitativo existen y no por arte de magia, sino porque empresas, comunidades, gobiernos y academia se han puesto de acuerdo para que las cosas sucedan. Si hay sociedades robustas con instituciones que hagan lo que les toca, habrá espacio para seguir teniendo empresas. 

Si hay empresas que hagan lo que les toca, sin pasarse de los límites que permitan una sana convivencias y conservación, habrá sociedades que prosperen y puedan cerrar las brechas que nos indican a gritos que no vamos por buen camino. 


Los líderes del triple impacto andan "derrapando" como dice la canción. Son arriesgados, más aún, son osados y se infiltran donde sea necesario con tal de poner sus pensamientos sobre la mesa. A veces solo hace falta dirigir la luz hacia puntos diferentes, para ver que más que sobre costos, hay ahorros y más que inversiones, hay disminución de riesgos. 

Trabajar en sostenibilidad debería ser considerado un deporte de alto riesgo, porque nos exponemos constantemente. Exponemos nuestros comentarios, ideas, teorías y seguridades. Levantamos la voz, ahí, donde nos han dicho que no es el lugar ideal para hablar del tema. 


Nos toca, a los que trabajamos en esto, llenarnos de una esperanza ilimitada y creer que lo estamos haciendo bien. Nos toca celebrar las pequeñas victorias, pero volver constantemente sobre lo que puede seguir mejorando. 

Competencias como la influencia, la astucia, la proactividad, la perseverancia, son propias de quienes trabajamos en esto. Hay que practicarlas todo el tiempo, porque son las que nos permiten salir adelante con nuestros argumentos y lograr que más se sumen a este proceso de hacer las cosas de manera diferente. 

Debemos soñar que llegaremos al final de la vida contentos porque hicimos todo lo posible para que las empresas se convirtieran en catalizadores del bien común; en orquestadoras del bienestar. 


Y no me digan que eso les toca a otros. Son las empresas, las que, en nuestros días, tienen todo el potencial, para que mientras hacen su negocio resuelven problemas sociales y ambientales y que lo hagan tan bien, que otros se sumen y los logros se multiplicen. 

Pero hay que derrapar, hay que morir en el intento. 

 
 
 

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