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Con otros ojos

  • nati572
  • hace 6 días
  • 3 Min. de lectura

Luis Mastroeni


Hay que hacer de la innovación la aliada número uno, cuando hablamos de cambios empresariales. Debemos ver la gestión de los negocios con otra mirada. Valorar la manera en que hacemos empresa desde otra perspectiva es fundamental si queremos perdurar el tiempo. 


Innovar es una palabra sobre utilizada en la última década y se dice fácil cada vez que en una reunión empresarial queremos impulsar el cambio o proponemos un nuevo producto. Pero, en este momento de tanta incertidumbre y presión sobre los negocios, adquiere un matiz diferente, pues ya no basta con los procesos tradicionales para llevar a cabo un cambio o mejora en un producto o servicio. 



La innovación pasa, en este momento, por el filtro del impacto. 

No se puede pretender cambiar sin tomar en cuenta el impacto social o ambiental de eso nuevo que se propone. Cuando hablo de impactos, me refiero, por ejemplo, a una empresa que lanza al mercado un nuevo producto, pero este no toma en cuenta la alta generación de residuos que se van a producir o el exceso de agua en su fabricación o el riesgo para una comunidad que genera la operación de la fábrica que lo producirá. 

Si bien es cierto el producto podría ser una apuesta rentable en el mercado, el no tomar en cuenta estos aspectos podrían perjudicarlo en un futuro cercano, de cara a nuevas legislaciones o nuevos intereses entre algunos consumidores. 




Una organización que está clara de su impacto sabe que los procesos de innovación deben tomar en cuenta, de forma obligatoria, todos los aspectos que pueden poner en riesgo el futuro del producto. No solo los financieros o de materia prima. 

El ejemplo es básico, pero nos ayuda a entender cómo las innovaciones de los productos o los servicios están llamadas a tomar en cuenta aspectos más allá de la generación de dinero o el ahorro; más allá de las facilidades para los clientes o el aumento de los beneficios. Es necesario incorporar otros aspectos en el proceso, para que esa innovación esté alineada a la realidad de nuestra época. 


Esa realidad demanda de las empresas una innovación que integre todas las variables que hagan del producto un aliado en el equilibrio de la sociedad y el planeta y no un problema más, del que tendremos que hacernos cargo, tarde o temprano. 

Un argumento que permite defender el caso del negocio que genera triple impacto, es que las empresas se abren a un proceso de innovación que les permite generar ideas ganadoras financieramente; mientras le aportan a la estabilidad social o el bienestar del planeta y la biodiversidad. 


Innovar es parte integral de la realidad empresarial, eso es algo innegable. Pero ya no es válida si no viene acompañada de un proceso en el que se compruebe que no daña a las partes interesadas, que no genera más contaminación o que no resuelve algún problema de la sociedad. 


Las estrategias de negocio con futuro, que realmente se sostienen en el tiempo, son aquellas que mientras generan ingresos para los accionistas, también están resolviendo alguna necesidad que asegura bienestar y la mejora de la vida de las siguientes generaciones. Innovar en algo que en el corto plazo genera mucho dinero, pero destruye valor en el tiempo, me parece que es una ocurrencia, más que una idea de valor. 

 
 
 

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