Cambios
- nati572
- 20 ene
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Por Luis Mastroeni

Cada inicio de año es un pretexto para impulsar el cambio. A veces lo logramos y otras nos quedamos cortos.
En esta ocasión el cambio que quiero proponer es el de nombre. Deberíamos dejar de hablar de sostenibilidad, de triple impacto, de valor compartido. Es hora de que empezamos a normalizar el hecho de que un negocio que no vele por equilibrar su creación de valor entre lo social, lo ambiental y lo económico, es un negocio que no será capaz de enfrentar los retos que el mundo está exigiendo.
No se trata de más nombres, se trata de un asunto de gestión que no se entiende ya únicamente por la generación de dinero, sino que debe incorporar indicadores que le permitan monitorear el impacto de las operaciones sobre el medio ambiente y la sociedad, de tal forma que seamos conscientes del daño que hacemos y emplearnos a fondo para que no se repita o no crezca.
Los nombres son importantes porque ayudan a definir, a resaltar algo de interés. Pero en este caso el nombre hace que se crea que es algo diferente, que no tiene que ver con la gestión empresarial y ahí es donde las cosas se enredan. La empresa, hoy en día, es un actor trascendental en el desarrollo de nuestras comunidades y las comunidades no solo viven del dinero. Tienen retos en lo social, en lo ambiental y en eso las organizaciones también deben aportar.
No deberíamos hablar de estrategia de sostenibilidad, deberíamos hablar de estrategia de negocio y punto. Porque el negocio ya no se entiende más sin que aborde los retos que el planeta y la sociedad están poniendo sobre la mesa. Si la empresa no aporta a la mejora del contexto, el contexto terminará cambiando la empresa de una forma que no podemos controlar. Y probablemente no la podremos mantener por mucho tiempo más.
El negocio tiene una serie de aspectos sin los cuales no se entiende y ha llegado el momento de incorporarles los indicadores ASG (ambientales, sociales y de gobernanza). No se puede seguir haciendo diferencias entre negocios con o sin estrategias integrales a nivel económico, social o ambiental. Hay una gran oportunidad en aquellas empresas que están iniciando, de entender la realidad del mercado, hoy en día, como aquella que exige ciertos comportamientos básicos, sin los cuales el negocio no puede prosperar.
Es vital que se integre también en el área de riesgo todos los componentes de lectura de la sociedad (sus desequilibrios y desigualdades) y de retos ecológicos, como parte básica de una revisión correcta de todo lo que podría poner más complicada la realización de un negocio exitoso en el futuro. No es suficiente con un buen flujo de efectivo para decir que el negocio tiene buena salud. Hay que entender si los aspectos alrededor de la operación (comunidad, líderes locales, biodiversidad, manejo del agua, etc) también cuenta con buena salud, están estables y equilibrados. Si no es así, es importante entender qué debe hacer la operación para contribuir con estos y que no vayan a generar una consecuencia negativa para el día a día de la empresa.
Ya no se entiende un negocio que no cuide sus relaciones. Y no solamente las tradicionales con colaboradores, clientes y proveedores. También es relevante entender quiénes son mis vecinos, las comunidades, los reguladores, los bancos, las ONGs afines o aquellas que podrían generar alguna clase de protesta por la forma en que se hace el negocio, etc.
No estamos en un momento para seguir haciendo diferencias. Llego la hora de afrontar la idea de que los negocios o se hacen tomado en cuenta los asuntos sociales y ambientales, además de los económicos o no deberíamos hacer ningún esfuerzo por iniciarlos.
Llego la hora de las otras empresas posibles.



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