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Querer: esa es la respuesta

  • Foto del escritor: Luis Mastroeni Camacho
    Luis Mastroeni Camacho
  • 7 jul
  • 3 Min. de lectura

Por Luis Mastroeni


En múltiples ocasiones me preguntan qué se necesita para empezar una estrategia de negocios basada en triple impacto. Una estrategia que siga generando ganancias y al mismo tiempo impacte positivamente a la sociedad y al medio ambiente. 

Mi respuesta es siempre la misma y es muy simple: querer.


Eso es lo principal y la base de cualquier estrategia de este tipo. Si la alta dirección de la empresa no quiere hacer las cosas de manera distinta, no habrá forma alguna de que la gestión prospere y genere retornos sobre la inversión. 

Querer significa llegar a la comprensión de que el negocio necesita adaptar su forma de operar a las exigencias que tanto el mercado como los públicos de interés están requiriendo; que ya no puede volver la espalda a los grandes problemas sociales que enfrentan las comunidades, porque su operación está inmersa en esos lugares y más le vale contribuir al bienestar, porque podría ser víctima del deterioro. 


Querer es entender que los ecosistemas ambientales están mal y que estamos cruzando los límites planetarios que permiten que la vida sea posible, es por eso por lo que reducir y ser eficientes en el uso del agua, la energía, los combustibles, además de mejorar el manejo de los residuos es una condición básica, para que la naturaleza sea la aliada en el logro de las metas empresariales. 


Poner a las personas en el centro del negocio y lograr que su bienestar y el de sus familias sea prioridad, es parte de ese querer que se necesita para iniciar este proceso. 

Proceso, esa es otra palabra clave en este camino de “querer” hacer las cosas de manera diferente. Esta forma de operar por parte de las organizaciones no es algo que se logra rápido y con poco esfuerzo y sacrificio; es más bien un camino largo que verá sus frutos en el tiempo, pero que asegura la estabilidad de la operación por mucho tiempo. 


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Querer es la base de un proceso que llevará a la empresa a caminos distintos a los que ha recorrido, por eso no es sencillo, ni es la decisión de unos cuantos. Esta gestión se logra cuando las personas que están al frente de la organización se convencen de que hacer el bien es un buen negocio y lo respaldan con sus decisiones y con sus presupuestos. 


Querer significa variar la medición del éxito de uno en que lo que importa es llegar al número, por una en la que lo importante es el bienestar y la sobrevivencia en el tiempo. ¿Sin hacer dinero, estará preguntándose?, para nada, es la respuesta. Se hace dinero, pero con otra orientación: la de satisfacer sus intereses, mientras se distribuye valor positivo a todos los públicos y contextos con los que el negocio se relaciona. 


Las Juntas Directivas con las que converso habitualmente están claras de que este es el camino adecuado, sin embargo, no están seguras de dar el paso. Tienen temor a perder dinero, a invertir dando malos pasos o a que esta gestión los saque del mercado. Mi argumento siempre es el de atreverse, el de dar un paso en la dirección correcta, la de liderar y adelantarse; la de ser líderes haciendo el bien, la de contagiar a otros y hacer de esta la regla y no la excepción para operar. 


También les digo que, en mi experiencia de más de veinte años en esto, jamás he visto una empresa que se gestione de esta forma y pierda dinero; al contrario, son más prósperas y además, mejoran su reputación y su percepción en la sociedad. 


Hay que querer ser diferente, hay que querer atreverse, hay que querer sembrar hoy la semilla que dejará que la organización sea viable en el largo plazo. Querer hacer el bien y además seguir teniendo empresa no es, para nada, una idea descabellada. Yo diría que es algo sensato en medio de un contexto que presiona, cada día más a las empresas, para que sean diferentes. 

 
 
 

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