Pasión
- hace 2 días
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Por Luis Mastroeni
Me pasó en una reunión con directores de una empresa en la que trabajaba hace muchos años.
¿Usted no se frustra?, me dijo un director luego de que no me aprobaron algunas actividades de una estrategia que lideraba.
La pregunta se dio porque en la carrera que elegí construir, uno siempre es el diferente y es quien, como Pepe Grillo, apunta en la dirección que muchos no quieren ver o quieren esquivar. Él hizo una cara como de "pobre, muchas veces choca con pared en este foro".
Esas situaciones me ayudaron muchísimo para construir lo que yo llamo y enseño en las universidades: "el argumento contra la economía pasada" y me ayudó a prepararme lo mejor posible, cuando de conversaciones con personas empresarias se trata.
Mi respuesta nunca se me va a olvidar: "los que trabajamos tratando de que los negocios mejoren su impacto en la sociedad, no podemos frustrarnos".

Y esto no es un slogan barato o una frase construida a partir de un positivismo irracional. El origen de esa respuesta, en esta lucha que no conoce pausas, es la pasión. Esa fuerza interna maravillosa que como decía Voltaire: "no importa lo duro que el mundo empuje contra mí: en mi interior hay algo más fuerte, algo mejor, empujando de vuelta..."
Esa fuerza que viene desde adentro es lo más importante cuando trabajamos en el terreno que procura volver al equilibrio, a la sensatez de lo finito y a la disciplina del cuidado. Con cada no, hay que buscar los como sí. Ante la incredulidad hay que brindar pruebas, ante la apatía hay que vencer con buen ánimo y con los argumentos que permitan dar luz a una realidad que está ahí, atropellándonos, pero que a veces, por la costumbre, cuesta tanto ver.
Estoy convencido de que se necesita mucha preparación para poder cambiar la gestión de las empresas, de tal forma, que puedan no solo generar valor económico, sino también aquel que les permite continuar existiendo, que es el valor social y ambiental. Pero más allá de la técnica y la ciencia se encuentra un súper poder necesario para vencerlo todo y se llama pasión.
La respuesta que le di al director con el que conversaba en esa ocasión no fue ni preparada, ni ensayada nunca. Surgió de una convicción a prueba de todo. De una vivencia profunda de mi propósito y de una actitud que sabe que quien insiste puede lograr lo que se propone siempre.
La pasión es lo que mueve todo. Puede contra los pretextos, contra el desánimo. Permite seguir buscando, nos hace dar un paso más, contra todos los pronósticos, es la que hace posible que podamos poner nuestros argumentos sobre una mesa y defenderlos hasta las últimas consecuencias.
Las estrategias de triple impacto son algo serio y hacen que las empresas mejoren y se adapten a un contexto retador y complejo. También necesitan de investigación, datos, indicadores y un norte que nos permita saber si vamos buen camino. Todo lo que hace exitoso un negocio necesita disciplina y planificación, si no, el resulta podría ser fatal.
Pero estoy seguro de que no evolucionan en una sala de juntas si no tienen una alta dosis de positivismo, buena actitud y, sobre todo, líderes capaces de "despeinarse" ante la fuerza de la pasión que los impulsa a querer cambiar la manera en que hacemos negocios.



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