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El costo de esperar

  • hace 10 horas
  • 2 Min. de lectura

Por Luis Mastroeni


"Eso va a pasar de moda en cualquier momento".

Esa frase me la dijeron decenas de empresarios hace varios años con respecto a la estrategia de triple valor en los negocios. Hoy sabemos que el tema llegó, se quedó y se está volviendo obligatorio. 


¿Quién tenía la razón?, no es importante. El análisis debe ser más pragmático y realista. La pregunta para aquellos que decían que era algo pasajero y no hicieron nada es: ¿cuánto se habrían ahorrado si hubieran empezado sin el peso de una legislación a sus espaldas?; ¿cuántos clientes habrían ganado si tan solo hubieran visualizado el tema como ventaja competitiva?; ¿cuántas pérdidas pudieron haber prevenido?


El costo de empezar a operar introduciendo lentamente los indicadores ASG (ambientales, sociales y de gobernanza) en la estrategia empresarial, sin tener el cronómetro de la legislación en la espalda es más barato, se puede diluir en el tiempo y evita los gastos que siempre traen las emergencias y las acciones tomadas en corto tiempo, solo por cumplir. 


El costo de esperar pensando que las cosas no pasarán o que para la industria en la que se opera eso no es importante, se encarece con el paso del tiempo. Lo mejor de empezar sin presión es el que el tiempo y el costo son decididos por la empresa y no por la presión, ni los clientes, ni los bancos, ni los inversionistas, ni los consumidores.


Iniciar el proceso en el que la empresa defina indicadores más allá de los ingresos, los gastos y las ventas, se hace necesario para no pagar sobre precios en el momento en el que la presión del contexto o la regulación alcance la industria en la que se opera. 

Siempre que me preguntan por el costo de la gestión del cambio en una empresa que desea avanzar hacia el triple valor les respondo que depende del momento en el que se inicie. 


Si no hay presión el monto de las inversiones y las fechas para cumplirlas las pone la empresa, por lo tanto, será a lo interno de la organización que se decida con qué velocidad se desea avanzar y a qué tema le darán prioridad. Solo empezar a preguntarse por esto temas (los ASG) ya es un buen comienzo. 

Por otro lado, si la presión aumenta y la licitación en la que se participa o el crédito que se solicita está en peligro debido a la falta de cumplimiento de algún tema ASG, el costo de cumplir a tiempo para no perder el negocio aumenta y se vuelve un dolor de cabeza inesperado. 

Es importante entender, como personas empresarias, lo que está en juego. En un momento donde los factores que antes eran voluntarios o simples programas asistencialistas, hoy en día, se han vuelto la manera orgánica de operar y más allá de un tema de costos, es un tema de sobrevivencia en el mercado. 


A nadie le gusta que le impongan una regulación, decreto o ley en la que le den un tiempo para cumplir con la consecuencia de sacarlo del mercado. Es hora de empezar a ver el avance en temas sociales y ambientales como una oportunidad de disminuir costos y riesgos. Es hora de que las fechas las ponga la empresa y no la regulación. 

 
 
 

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