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$300 billones

  • hace 6 días
  • 2 Min. de lectura

Por Luis Mastroeni


Esa es la cifra que está en juego entre un grupo de fondos de pensiones de Nueva York y firmas que manejan inversiones en Estados Unidos. 

La alerta no se da por malos manejos contables, maquillaje de estados financieros, escándalos éticos, ni falta de cumplimiento regulatorio. El asunto tiene que ver con las exigencias que están pidiendo a sus fondos de inversión en lo que tiene que ver con el clima. Sí, el clima. 


Pareciera que el frío y el calor, la lluvia y la sequía se convirtieron en parte del análisis para decidir, como inversionista, dónde se debe poner el dinero.

Estos fondos manejan trillones de dólares en el mundo, pero podrían empezar a perder pues no están cumpliendo con lo que inversionistas sofisticados están empezando a exigir para tomar decisiones a futuro. 


Es lógico, me parece. ¿Cómo poner mi dinero en inversiones que no me aseguren que están haciendo todo lo posible para que el cambio climático no las alcance o al menos no las perjudique de manera importante?


Pero el tema da para que todos los sectores pongan sus barbas en remojo. En el sector agropecuario las empresas deberían contar desde ya con análisis meteorológicos que les permitan entender si el lugar donde producen tendrá las mismas características en unos años. No hacerlo es poner en riesgo el trabajo de muchas generaciones. 

Y si no es apto, ¿qué hacemos?, dirán los dueños. Pues empezar por tomar una decisión: si hay espacio para la adaptación y mitigación, iniciar por ahí. Pero si no, la decisión es más profunda: el cambio de actividad o la venta del lugar para establecerse en otro donde las condiciones sean más aptas. 


Otro sector. En el mundo de las importaciones ya deberían tener claros los panoramas climáticos desde los puertos donde traen los productos. ¿Esa ruta marítima seguirá siendo segura?, ¿por cuántos años? De las respuestas dependen muchas decisiones a futuro: cambiar del lugar de procedencia de la mercancía, empezar a pensar en proveedores locales, hablar con la academia para tener una línea de investigación e innovación para enfrentar lo que podría ser una escasez de lo que se vende en la empresa, etc. 

Ya el río Rin en Europa y el Canal de Panamá dieron los primeros sustos debido al descenso en su nivel promedio.


Finalmente el sector de alimentos y bebidas, tan dependiente de la energía y el agua. Un primer paso: calcular la pérdida prevenida por gestionar el negocio de forma tal que reduzca al máximo el riesgo de operación por factores climático o de falta de recursos naturales. 

Cuando esa cifra esté claro, empezar a invertir montos razonables en prevención y cuidado, de forma tal que se proteja la operación a futuro. 

Nuevamente, todo esto no se debe hacer por causas sentimentales o altruistas; se debe gestionar por la vía del riesgo en la continuidad. Despertar en la organización el sentido de urgencia ante los cambios en la normativa y los estándares es fundamental para cuidar lo que se tiene y no dejar dinero sobre la mesa. 

 
 
 

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