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Contra la desesperanza

hace 1 día
3 min de lectura

Por Luis Mastroeni


Nos han tocado tiempos difíciles y las empresas no escapan de nada de lo que está sucediendo. 


Hace un par de días, repasé las cifras con las que esta semana inició la Asamblea General en la ONU y todo apunta a la tristeza. El apoyo a la democracia en el mundo hacia la baja, el aumento de las temperaturas y las catástrofes ambientales por aquí y por allá. La caída de las pruebas PISA en el mundo nos habla de un planeta con mucha información, pero poco educado. 


Ni que decir de los conflicto geopolíticos y geoeconómicos, que todos los días nos sorprenden (sobre todo por la creatividad de algunos políticos). El ambiente es tenso, complejo, incierto y volátil. 

Y lo más grave lo resumen el filósofo Byung Chul Han, "así vivimos los unos contra los otros o nos cruzamos con los demás, pero sin encontrarnos realmente con ellos".

Por si fuera poco, la prisa y la falta de atención nos atropellan sin piedad y ya ni para lavarnos los dientes o masticar le damos un espacio a la pausa y la calma. 

¿Como seguir teniendo esperanza en un mundo en caos?


Mi fórmula es simple: hacer lo que me toca para que las acciones signifiquen futuro, paz, encuentro, atención. Refugiarme en el arte que siempre nos sorprende y nos revuelve las emociones. Prestar atención, cerrar la computadora para escuchar, apartar el celular para estar presente, hablar con un tono que no juzgue, sino que se abra a la conversación sana y profunda. 

También me da esperanza las empresas que quieren seguir luchando por tener futuro y hacen lo que pueden en su metro cuadrado por mejorar. Aunque eso no basta, no se cansan, no cesan, no se rinden. 

A lo mejor eso debería ser una especie de mantra: no dejar de luchar, porque solo el hecho de intentarlo sigue siendo esperanzador. 




Evitar ese impacto, mejorar ese resultado, escalar esa buena acción y lograr que más personas se beneficien del poder que tienen los negocios, siempre y cuando lo usen para el bien colectivo. 

Cada esfuerzo cuenta en pro de la disminución de las emisiones, del reciclaje, de la defensa de los derechos de las personas, de la información correcta sobre un producto y servicio, de la transparencia y la ética. 


Muchas veces me he encontrado en conversaciones con empresarios que me dicen que los esfuerzos son muchos y la aguja no se está moviendo. Es que, creo yo, la aguja se moverá cuando todos hagamos lo correcto, sin esfuerzos titánicos. 

A mi me da esperanza ese conductor que cede un espacio para que avance el tráfico; la persona que me ve en la acera y sonríe diciendo buenos días, el perro que mueve la cola, la luz del amanecer, la copa de vino frente al atardecer. 

En fin, no es que hemos perdido la esperanza, es que no nos fijamos en lo que la genera y la mantiene realmente. 


En las empresas, nadie recuerda con emoción cómo el EBITDA creció este mes. Lo que recordamos son los eventos, las luchas, los esfuerzos, los aciertos que lo hicieron posible.

Debemos concentrarnos en lo que nos saca de este torbellino en el que estamos viviendo. Sonreír más, respirar, sentir el aire. ¿Cuándo fue la última vez que miró el cielo?

Las empresas tienen la capacidad de que las cosas mejoren y no me canso de mantener la esperanza. Sin embargo, para que eso pase, hay que trabajar en el sentido del éxito, porque de qué vale un margen robusto o una utilidad histórica si al cabo de un tiempo (cada vez menos) no tendremos dónde seguir invirtiéndola. 

Estar presente. Respirar. Poner atención. Resucitemos la esperanza.  

 
 
 

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